Por Becky Krinsky, Life Coach autora y conferencista

Conferencia para mujeres el 11 de marzo: “La mujer que no se rinde”
Vivimos en una época donde nunca habíamos tenido tantos contactos y, al mismo tiempo, tan pocos vínculos auténticos. Las redes sociales nos han hecho creer que la cercanía se mide en mensajes, likes o historias compartidas. Pero la amistad verdadera no se construye con presencia digital, sino con presencia emocional.
Tener un buen amigo no es común, no porque las personas no quieran, sino porque no todos están dispuestos a sostener lo que una amistad verdadera exige.
Un amigo no es quien siempre está disponible ni quien siempre está de acuerdo contigo. Un buen amigo acompaña sin invadir, escucha sin competir y permanece incluso cuando no obtiene beneficio alguno.
Hoy llamamos amistad a relaciones basadas en la conveniencia, la cercanía circunstancial o la afinidad superficial—compañeros de trabajo, vecinos, personas con intereses comunes. No está mal, pero no es lo mismo. La amistadprofunda no nace del azar ni de la comodidad. Se elige y se cuida.

Las redes sociales han distorsionado el concepto de vínculo emocional. Han normalizado relaciones sin profundidad, sin compromiso afectivo y sin responsabilidad emocional, relaciones donde se está mientras todo fluye y se desaparece cuando algo incomoda. Se observa, se opina y se juzga, pero rara vez se acompaña de verdad.
Una amistad auténtica no es una relación de amor romántico ni un lazo familiar. No se sostiene por obligación, deseo o sangre. Se sostiene por lealtad emocional, por respeto y por la decisión consciente de caminar junto a otro sin poseerlo ni usarlo.
Un buen amigo no es perfecto. Se equivoca, falla y hiere. La diferencia es que no huye de sus errores. Reconoce, repara y cuida lo que ha construido.
Por eso, las verdaderas amistades escasean. Implican límites, honestidad y una renuncia silenciosa: dejar de usar al otro como espejo del ego.
Quien tiene un amigo así es afortunado, no porque nunca se sienta solo, sino porque sabe que hay alguien que no lo va a traicionar cuando la vida se vuelva incómoda, oscura o incierta.
Un buen amigo no llena vacíos ni reemplaza carencias. Acompaña. Y en ese acompañar, nos recuerda que seguimos siendo humanos.
Afirmación personal
Valoro la amistad y la cuido como algo preciado; la cultivo con tiempo, presencia y coherencia. Elijo vínculos donde la lealtad se demuestra en los actos. No llamo amistad a lo que me obliga a callar o a traicionarme. Sostengo relaciones que acompañan sin invadir y permanecen sin usar.
Ingrediente de la semana: Lealtad Emocional
La lealtad emocional no es estar siempre ni decir que sí a todo.
- Es no traicionar al otro para quedar bien.
- Es no usar su historia como moneda social.
- Es no desaparecer cuando la relación deja de ser conveniente.
Ser leal no significa justificar, encubrir ni cargar lo que no te corresponde. Significa cuidar el vínculo incluso cuando hay distancia, hablar de frente y no por detrás, y sostener la dignidad del otro aun cuando no esté presente.
La lealtad es silenciosa. No se publica, no se presume y no necesita testigos. Por eso hoy escasea.
Aplicación práctica
Antes de llamar amistad a una relación, pregúntate:
- ¿Puedo decir la verdad sin miedo a ser castigado?
- ¿Esta persona cuida lo que le confío?
- ¿Permanece cuando no obtiene beneficio?
Y pregúntate también, con honestidad:
- ¿Hablo del otro con el mismo respeto cuando no está?
- ¿Soy leal a su historia o solo mientras me conviene?
Frase: “La amistad no se encuentra: se practica.”




