
Por Beatriz Palmer, reportera comunitaria
Este año, Estados Unidos conmemora 250 años desde la adopción de la Declaración de Independencia. En todo el país, las comunidades se preguntan: ¿en realidad estamos celebrando la historia de quiénes?
La respuesta es sencilla y, a la vez, compleja. Es la historia paradójica de la libertad.
La historia de los Estados Unidos de América significa un movimiento impregnado de cultura. Comienza con nuestros queridos pueblos originarios, los indígenas que cuidaron estas tierras mucho antes de la fundación de la nación. Incluye la dolorosa historia de comunidades desplazadas y personas traídas aquí contra su voluntad a través de la trata transatlántica de esclavos. Es también la historia de inmigrantes y refugiados que cruzaron ríos, océanos, fronteras y desiertos en busca de esperanza y oportunidades.
Entretejida en esta historia existe una creencia perdurable en las posibilidades: una nación forjada en la adversidad, pero fortalecida continuamente por personas que se niegan a rendirse.

Ese mismo espíritu se percibe durante la Copa Mundial de la FIFA. Cada cuatro años, la gente celebra con orgullo sus lugares de origen. Las banderas de sus equipos representarán naciones distintas, pero el sentido de pertenencia resulta sorprendentemente familiar. Hoy en día, la FIFA cuenta con 211 asociaciones miembro y miles de millones de personas se conectan desde todos los rincones del planeta. Aunque los aficionados animen a equipos diferentes, muchos están unidos por la cultura. En muchos sentidos, el Mundial refleja la historia estadounidense impregnada de cultura.
No crecí en una familia donde el fútbol dominara nuestros fines de semana. Sin embargo, uno de mis recuerdos más entrañables es haber asistido a un partido de las Chivas de Guadalajara. No recuerdo mucho, pero sí la energía: miles de personas animando como si compartieran un mismo latido. Años más tarde, llevé a mi hija y a una amiga suya a ver jugar al Club América en San Diego. La emoción me resultó muy familiar. Los aficionados ondeaban banderas, cantaban, celebraban y coreaban al unísono; durante unas horas, completos desconocidos se convertían en un solo cuerpo.
Movida por la curiosidad sobre la conexión entre el aniversario de Estados Unidos, la cultura y el Mundial, hice a los miembros de la comunidad una pregunta sencilla: ¿Cómo incorporan su cultura a las celebraciones del 4 de julio y al Mundial?
Sus respuestas me recordaron que la cultura es mucho más que etnia o nacionalidad. Puede ser el idioma que se habla en la mesa, una canción que te transporta al pueblo de tus abuelos, una receta familiar, un recuerdo preciado o una tradición transmitida de generación en generación.

La mesa del Mundial a menudo refleja la diversidad de las personas reunidas a su alrededor, tal como el mosaico cultural de Estados Unidos. La comida es el núcleo de toda cultura. Las familias pueden servir tacos, pizza, pupusas, empanadas, barbacoa, kimchi, hamburguesas, arroz con pollo, frijoles, pastel de manzana, flan, aguas frescas, cerveza de raíz o sus recetas familiares favoritas que han cruzado fronteras y generaciones. Un alimento se mencionó repetidamente en las conversaciones: el “hot dog”, también conocido como “perro caliente”. Ya sea con kétchup y mostaza, chiles y cebollas picados o algún ingrediente familiar favorito, se ha convertido en un ejemplo singularmente estadounidense de adaptación cultural.
Incluso cuando los equipos compiten entre sí, la Copa del Mundo nos recuerda que la cultura suele convertirse en un terreno común que nos une. Mientras Estados Unidos conmemora los 250 años de su fundación, tal vez una lección que vale la pena recordar es que la historia de nuestra nación nunca ha pertenecido a un solo grupo de personas; pertenece a todos aquellos que han ayudado a darle forma.
Ya sea que asistas a una celebración o desfile del 4 de julio, te reúnas con la familia para una barbacoa en el patio, disfrutes del sol en las playas de Oceanside o Carlsbad, o veas el Mundial con amigos y familiares, la cultura estará allí, en primer plano, gritando “¡Presente!”.
Así que ondea la bandera estadounidense junto a la de tu equipo favorito, luce con orgullo la camiseta de tu equipo y anima a Memo Ochoa, Raúl Jiménez, Messi, James Rodríguez, Vinícius Júnior, Alexis Sánchez, Son Heung-min o a los San Diego Sockers en el Frontwave Arena. Sigamos honrando las muchas trayectorias que han dado forma a esta nación, no porque todos vengamos del mismo lugar, sino porque seguimos encontrando formas de unirnos.
Lograr esta meta tal vez sea el “golazo” más celebrado.




