Un sueño hecho realidad: La abogada Maricela Amezola guía a los inmigrantes hacia la ciudadanía y más allá

Por Melanie Slone

“Sabía que quería ser abogada cuando tenía 12 años”, dice Maricela Amezola. “Pero mi consejero escolar se rio de mí cuando le dije que quería estudiar derecho”.

Nacida en el condado de Orange en el seno de una familia de trabajadores migrantes, Amezola se desplazaba entre California y Michoacán, México. “Era estudiante migrante”, relata.

Con el tiempo, sus padres se establecieron en un pueblo al norte de Fresno. “Cualquier viernes, unas grandes camionetas verdes recogían a personas de todo el pueblo”, recuerda. “Veía a toda esa gente corriendo y no entendía qué sucedía”.

Descubrió que algunos rancheros llamaban a las autoridades de inmigración para no tener que pagar a sus trabajadores. “Recuerdo haberme sentido impotente”. Sabía que, algún día, tenía que convertirse en abogada.

El largo camino hacia las leyes

Maricela Amezola. (Photo: Courtesy Maricela Amezola)

Como estudiante migrante, Amezola estaba obligada a someterse a exámenes periódicos de inglés y quedaba excluida de las clases que necesitaba para acceder a ciertas universidades. Una maestra la ayudó a salir de ese programa y a obtener los créditos suficientes para ser aceptada en Fresno State.

Al ser una estudiante universitaria de primera generación, no contaba con mentores; sin embargo, el Programa de Asistencia Universitaria para Migrantes (CAMP) le informó sobre el LSAT, el examen para estudiar leyes. “Tenía que trabajar durante los veranos, después y antes de clases, así que no tenía tiempo para realizar servicio comunitario. Intentaba sobrevivir”, recuerda. “Mi solicitud de admisión no era muy completa”.

Fue admitida condicionalmente en una escuela de derecho en San Diego, pero no aprobó el examen de ingreso. Un profesor le dijo: “Tienes que ser una buena escritora para ser abogada. Deberías dedicarte a los servicios sociales. Necesitamos mucha más gente que hable español en el ámbito de los servicios sociales. Mantente alejada del derecho”, relata.

“No fue la primera vez que alguien me dijo que no lo hiciera. Simplemente, no acepto un ‘no’ por respuesta”.

Se matriculó en City College para mejorar sus habilidades de redacción y comenzó a trabajar en derecho de familia.

Tras presentar el LSAT unas veces más, consiguió una plaza en Michigan State. “Fue la mejor etapa de mi vida, a pesar de que fue la primera vez que experimenté la discriminación y el racismo. Salí de mi zona de confort”, afirma. “Terminé graduándome con honores”.

Vocación en inmigración

El sueño de la Lic. Amezola era convertirse en fiscal. Aceptó un puesto de asistente legal en un bufete especializado en derecho de familia. “No me gustaba el derecho de familia: los divorcios, las disputas”. Pero tenía que pagar sus préstamos estudiantiles.

El bufete inauguró una división de inmigración en 2009. “Me incorporé de inmediato, pues no quería seguir ejerciendo el derecho de familia”. Asumió el caso de un residente permanente detenido en Otay. “Recibí orientación de otros abogados, fuimos a juicio y ganamos”, relata. “Salí y la familia me estaba abrazando. No era una sensación que soliera experimentar en el ámbito del derecho de familia”.

Con el tiempo, abrió su propio bufete de abogados, centrado en casos de divorcio y algunos de detenciones en inmigración. A medida que empezaba a ganar casos, sus clientes la recomendaban. “Mi práctica en inmigración despegó porque yo era una de las muy pocas abogadas que hablaba español, una de las muy pocas abogadas que provenía de una familia inmigrante”.

Trabajo con clientes

Immigration lawyers Geraldine Von Borstel (left) and Maricela Amezola. (Photo: Melanie Slone)

“Mis padres fueron víctimas de fraude por parte de notarios públicos”, dice, al igual que su esposo. “Fui testigo de violaciones de derechos, discriminación y racismo”.

Recuerda la época de sus padres. “Podía ver la desconexión que existía entre los abogados y sus clientes”. Se propuso firmemente que: “Mis clientes entenderían exactamente lo que estaba sucediendo en sus casos; la comunicación era algo crucial para mí”.

Su bufete de abogados se inauguró durante la administración de Obama. “Él fue el “deportador en jefe”…, pero el ambiente se sentía cordial. La ética se respetaba. Durante la primera administración de Trump, comenzaron a poner freno a muchas cosas”.

En los primeros años del mandato de Trump, dedicó su tiempo libre a ofrecer charlas informativas sobre los derechos de los inmigrantes y a trabajar gratis con organizaciones sin fines de lucro, incluido un grupo fundado por la Dra. Arcela Núñez en San Marcos. “Organizaban talleres para ayudar a las personas a obtener la ciudadanía. Yo ofrecía mi tiempo como voluntaria para revisar las solicitudes”.

Cuando Núñez fundó la Universidad Popular, Amezola revisaba casos de inmigración. “Para mí, formaba parte de retribuir a mi comunidad. Nunca lo he sentido como una carga”.

Actuar de forma proactiva

Bajo la segunda administración de Trump, se están produciendo muchas “violaciones de derechos”, afirma. “Se siente como si todo estuviera bajo amenaza, incluso la tarjeta de residencia permanente”.

Hoy en día, a través de Universidad Popular, ella lleva a cabo lo que denomina un “escrutinio extremo”. Anima a todos a revisar sus casos y a solicitar la ciudadanía si cumplen con los requisitos. También insta a los ciudadanos a ejercer su derecho al voto. “Votar realmente marca la diferencia, tal como pudimos comprobar en las últimas elecciones”.

Las personas deben tomar medidas para protegerse. “En este momento, están tratando a todo el mundo como si fuera un delincuente, independientemente de la forma en que hayan ingresado al país”, señala. “Si usted es titular de una tarjeta de residencia, consulte a un abogado sobre el proceso para obtener la ciudadanía. Si no es titular de una tarjeta de residencia, hable con un abogado para determinar qué opciones tiene para permanecer en este país, si es que existe alguna”.

Entre el agotamiento y la pasión

“Nadie te enseña qué se siente o qué aspecto tiene el agotamiento profesional”, dice la Lic. Amezola; “así que simplemente seguimos adelante”. El agotamiento la llevó a descubrir el mindfulness y la meditación.

Para ayudar a las personas de su profesión a enfrentar el agotamiento, se certificó en mindfulness para abogados. “De repente, me encontré organizando retiros; muchos intentamos abandonar la profesión debido al grado de agotamiento”.

Ella afirma que la forma en que reacciona ante el mundo que la rodea la ayuda a ejercer mejor su profesión. Hoy en día, remite muchos casos humanitarios a colegas y establece límites claros con sus clientes. “Pueden comunicarse conmigo, pero ahora utilizo la tecnología para facilitar una mejor comunicación”.

También está considerando dar un giro profesional hacia la planificación patrimonial para migrantes de edad avanzada que desean proteger sus bienes y gestionar sus negocios en Estados Unidos. “Gran parte de nuestra comunidad ni siquiera comprende qué es un fideicomiso ni cómo este protege el patrimonio que han acumulado aquí a lo largo de todos estos años”.

Maricela Amezola continúa sirviendo a su comunidad, haciendo realidad el sueño de aquella niña migrante de 12 años: dejar atrás la sensación de impotencia y marcar la diferencia.

Maricela Amezola: (619) 255-7310; maricela@amezolalg.com

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

fifteen − nine =