Fortalecer el camino hacia una carrera docente acreditada

Beatriz Palmer

Por Beatriz Palmer

Más de la mitad de los estudiantes de las escuelas públicas de California son latinos; sin embargo, los educadores latinos siguen estando significativamente subrepresentados en las aulas.

Si queremos que nuestros educadores sean un fiel reflejo de nuestros estudiantes latinos, debemos fortalecer la trayectoria académica y profesional: ese “caminito” hacia la carrera de maestro o maestra.

El interés y el potencial existen. Mi buena amiga María Figueroa, conocida cariñosamente como “La Profe”, es graduada universitaria de primera generación, profesora de inglés y una experta de PUENTE muy respetada. PUENTE combina un rigor académico, orientación y mentoría para ayudar a los estudiantes a desenvolverse con éxito en la universidad, al tiempo que reafirma su cultura, comunidad e identidad.

Maria Figueroa, La Profe

La Profe Figueroa considera que los factores económicos explican en parte por qué más latinos no optan por la enseñanza en los niveles K–12. La docencia requiere una preparación considerable, pero no siempre se percibe como una vía hacia la movilidad económica con la que sueñan muchos estudiantes y familias de primera generación. También destaca la importancia de los modelos a seguir y los mentores—lo que ella llama “agentes de validación”—, quienes ayudan a los estudiantes a visualizar posibilidades que tal vez no habían imaginado.

Asimismo, observa que la enseñanza del inglés sigue siendo una disciplina predominantemente blanca y eurocéntrica, lo cual me recordó mi propia introducción a PUENTE. Dos de los principales profesores de inglés que conocí eran hombres blancos, excelentes docentes que se preocupaban profundamente por desarrollar un plan de estudios centrado en la cultura para la comunidad latina, pero cuya capacidad para enseñar desde experiencias vividas tenía un límite. Así como necesitamos educadores y aliados que respondan a las necesidades culturales, también necesitamos una mayor representación.

María percibe la diferencia en sus propios hijos. Todos sus maestros de K–12 han sido mexicanos, algo que ella atribuye en parte a la decisión deliberada de inscribirlos en un programa de inmersión dual.

¿Qué pasaría si actuáramos con la misma determinación para cultivar a los futuros maestros y crear ese “caminito”?

Los distritos escolares, los colegios comunitarios, las universidades y las organizaciones sin fines de lucro pueden formar coaliciones regionales que lleguen a los estudiantes de middle y high school. La inscripción simultánea, los programas EOPS, los programas de honores, las organizaciones HSI y PUENTE, los programas de desarrollo juvenil y las organizaciones comunitarias pueden servir como puntos de acceso a lo largo de este camino. Los departamentos de recursos humanos de los distritos pueden explorar formas creativas de promover nuevos puestos y atraer a candidatos diversos. Ninguna escuela debería tener un mural con fotografías de educadores extraordinarios donde ninguno de los nombres y rostros represente a profes latinos o negros con credencial docente. Eso no es aceptable en 2026.

Además, con demasiada frecuencia, se pide a los profesionales pertenecientes a grupos minoritarios que actúen como mentores y asesores y que compartan su experiencia cultural y profesional de forma gratuita. Contribuir a la comunidad es admirable, pero debemos preguntarnos: ¿valoramos esa experiencia lo suficiente como para invertir en ella?

Deberíamos instar a la rectora de la CSU, la Dra. Mildred García, y a la rectora de los Colegios Comunitarios de California, la Dra. Sonya Christien, a que inviertan en esta vía de desarrollo profesional, proporcionando estipendios tanto a los mentores latinos y latinas (y de otros grupos subrepresentados) que ya cuentan con credencial, como a los aspirantes a maestros que a menudo deben equilibrar sus estudios, el trabajo y las responsabilidades familiares mientras obtienen su certificación.

Imagínese el retorno de esa inversión: estudiantes apoyados a lo largo de este camino por educadores que comprenden la trayectoria, desde la exploración de la docencia y la obtención de la credencial hasta la contratación y la vivencia de esos primeros años cruciales en el aula.

Un solo educador en el que invertimos hoy puede llegar a enseñar, asesorar e inspirar a cientos —quizás miles—de estudiantes a lo largo de su carrera. Si pensamos en la movilidad económica y la creación de riqueza generacional, estos maestros pueden llegar a ser directores y administradores, e incluso profesores universitarios y rectores.

Si queremos fortalecer esta vía de desarrollo, debemos invertir en las personas que la hacen posible.

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